Japon

JAPÓN, UN PAÍS EJEMPLAR

Japón es un país sorprendente y ejemplar.
Me #InspiraJapón
Desde sus paisajes, con gran abundancia de entorno natural muy respetado, pasando por ese verde típico y característico de los campos de arroz, siguiendo por la cultura milenaria que atrae y llama nuestra atención y continuando con la educación, la ayuda y el respeto hacia los demás.
Abrir un plano es sinónimo de que en un momento se van a acercar personas, generalmente jóvenes a preguntarte si necesitas ayuda y te la ofrecen. El idioma no es una barrera, al revés, si hay buena voluntad simplemente unos gestos o una sonrisa o saludo son suficientes para entenderse.
Podría contar innumerables detalles sobre la educación y respeto, desde el silencio que reina en los transportes públicos, donde los ciudadanos van leyendo, escuchando música o noticias, o bien con sus videojuegos, con sus auriculares, sin molestar a nadie por el volumen. O a veces dormitando un poco aprovechando los largos recorridos del metro.
Qué decir del orden en subidas y bajadas tanto al metro como trenes…
Los vagones paran siempre en el mismo sitio. Los viajeros ocupan muy disciplinadamente las líneas trazadas el forma de cortos pasillos a izquierda y derecha de la salida de cada vagón. Mientras haya una persona saliendo, nadie intenta ni por un momento subir y cuando el último viajero desciende, en forma superordenada y superrespetuosa comienzan a subir , fila por fila. Todo un ejemplo de orden , respeto y ciudadanía responsable para países de otras latitudes, especialmente los mediterráneos y latinos.
Conocíamos del respeto y educación de los jóvenes estudiantes japoneses pues tuvimos a 5 estudiantes que aprendían español en la universidad de Zaragoza, por períodos de 3-4 meses, varios años seguidos.
Voy a contar un ejemplo de ayuda, cuando fuimos un día en tren a Kamakura.
Como fuimos con bastante tiempo de antelación y no había nadie en el andén preguntamos a una señora de mediana edad, si era aquél andén donde se tomaba el tren a Kamakura. Muy amablemente nos dijo que sí y nos señaló en una pantalla el horario exacto en que saldría el tren.
El viaje creo recordar que duró alrededor de 40 minutos, pasando por varias poblaciones y paradas de los alrededores al sur de Tokio. Cuando oímos el nombre de la siguiente estación y entendimos que era la nuestra, nos levantamos de los asientos y al dirigirnos hacia la puerta de salida, noté que alguien tocó levemente mi hombro derecho, lo cual es bastante extraño teniendo en cuenta que en los asiáticos el contacto físico es inexistente entre desconocidos…
Me volví con extrañeza y reconocí a la señora a la que preguntamos sobre el andén, que por lo visto había estado pendiente de nosotros todo el viaje para que no nos equivocáramos al bajar. Y me explicó que la estación del centro de Kamakura, no era la inmediata, donde nos disponíamos a bajar, sino le siguiente. Yo le expliqué con gran amabilidad y agradecimiento que nos bajábamos en Kita-Kamakura porque queríamos hacer un recorrido por varios templos antes de llegar al centro.
No sorprendió agradablemente ese cuidado y preocupación por nosotros, para que no nos perdiéramos.
Nos quedamos impactados y es algo que siempre hemos contado a familia, amigos y conocidos sobre los deseos de agradar y proteger de los japoneses hacia los turistas, tal vez la base budista sea un cimiento fundamental para entender este comportamiento ejemplar…

Por: Antonio

Dónde: Japón