De vuelta a casa con una amiga

Siempre quise ir a Japón, me gusta el manga y el anime pero nunca me atreví, hasta que falleció mi hija y le prometí que viajaría por ella y ese mismo año no lo pensamos más y nos fuimos mi pareja y yo, empezamos por Tokio, nos encantó el orden que tienen allí, la luces de los carteles de Shibuya y de Akihabara, el gundam enorme de odaiba y su torre de Tokio que es preciosa, después marchamos a Kanazawa un pueblo de casas bajas aunque moderna, con un templo y un castillo preciosos. un río enorme que divide la ciudad en Antigua y moderna. Estuvimos muy poquito en Osaka pero nos enamoró su bullicio en la calle principal y sus anuncios como el de Glico. De allí fuimos a Hiroshima y como no, no pudimos perdernos ir a la isla de Miyajima en donde un ciervo casi se come mi pasaporte, precioso ver allí el atardecer, es mágico. Vimos el castillo y el parque de la paz, impresiona ver la cúpula y que sus habitantes sigan a delante con más fuerza que nunca. Allí fuimos a un concierto donde conocimos a una mujer que a día de hoy es una de nuestras mejores amigas, me dió el calor que echaba de menos de España, el siguiente destino fué Kyoto y descubrí que es una ciudad enorme porque me tomaba como más de media hora en metro llegar al centro. Nuestra amiga que era de allí nos enseñó de primera mano el barrio de Gion, pudimos ver a una Maiko que iba a la escuela, y también el mercado local, precioso, nos escapamos a Nara y también al templo Fushi-inari donde se quedó un trozo de mi por la belleza que tiene, eso sí, no recomiendo subir los miles y miles de escalones con zuecos japoneses, pero las vistas lo merecen. Por último decir que los platos de cada lugar eran increíblementes buenos, no hubo ninguno que no me gustara, la gente muy amable pero si distante, y una seguridad que abruma. Aún sigo enamorada del país.

Por Alexiel 

Dónde: Kioto