Fidel de Tovar y Dani Bermúdez: “Japón tiene una particularidad, y es que cuando lo visitas, es imposible regresar sin llevarte un trocito que pase a formar parte de tu día a día”

Lo primero contadnos un poquito sobre vosotros, presentaros a nuestros lectores.

Somos un tandem creativo especializado en narrar historias en formato manga. Fidel es guionista y Dani dibujante. Nos apasiona viajar, el cine, la literatura, los videojuegos y la cocina. Juntos hemos creado Arashiyama, la montaña de los deseos, Liquid Memories: el asesino del agua (ambos publicados con Norma Editorial) y hemos tenido la suerte de ganar en dos ocasiones el premio a mejor manga español otorgado por Ficomic.

¿Cómo empezó vuestro amor por Japón?

Japón nos ha ido enamorando poco a poco. Casi sin que nos diéramos cuenta. Desde las primeras series de dibujos que vimos en televisión cuando éramos niños y sin saber que se trataba de animación japonesa, hasta la arquitectura, el paisajismo y la danza.

Dani: De pequeño todo lo que me inspiraba para dibujar era anime y manga. Recuerdo ver a escondidas el programa de anime presentado por Óscar Valiente en TV3, y quedarme hasta tarde para ver los OVAs de Ranma 1/2. También me compraba casi todas las revistas de manga y anime que veía en el quiosco (Dokan, Neko, Minami, Loading, etc). Solían venir acompañadas de un cd con trailers y videoclips. Recuerdo que descubrir todo aquel mundo exótico y nuevo me cautivó desde el minuto uno.

Más adelante, con internet y los inicios de Youtube, empecé a interesarme más por la cultura japonesa aparte del manga y el anime, buscando reportajes y videos de programas que se veían allí, e incluso anuncios. Cualquier cosa valía para conocer mejor el país.

Fidel: En mi caso recuerdo dos momentos clave en los que me enamoré de la narrativa japonesa y del propio país. El primer gran impacto fue cuando vi por primera vez un anuncio de Perfect Blue, el espectacular film de Kon Satoshi, en una revista Hobby Consolas. Recuerdo pensar que ese no eran dibujos sino algo adulto y de calidad. Y cuando vi la película pude constatar que así era.

A raíz de ese primer contacto descubrí la literatura japonesa y el trabajo de japonólogos como Alex Kerr y Donald Keene. Soy muy fan de las novelas de Kawabata Yasunari y de otros autores que me fueron introduciendo en una sociedad cuya codificación y realidad tiene una profundidad y tradición casi mágica.

Eso sí, fue tras el primer viaje que hicimos a Japón, el segundo gran impacto, cuando el embrujo japonés acabó de surtir efecto en mí y empezó a invadir muchos de los ámbitos de mi vida.

¿Y vuestra relación con el manga? ¿Por qué optasteis por este tipo de arte?

El manga es muy rico narrativamente hablando. Siempre decimos que gracias a la libertad de composición de páginas y a su gran número de páginas, a diferencia de otras formas narrativas visuales como el cómic americano o el francobelga, el manga te permite pararte a oler las flores. Con él puedes ahondar en los sentimientos de los personajes y pararte en momentos esenciales, etéreos en ocasiones, que capturan la emoción con mucha intensidad. Nuestro amor por Japón y ese elemento crucial nos llevó a narrar en formato manga.

En vuestros viajes a Japón, ¿qué destinos habéis visitado?

En los tres viajes que hemos podido hacer hemos estado en bastantes lugares. Eso sí, muchos menos de los que aún tenemos ganas de ver con nuestros propios ojos, claro.

Hemos vivido la incansable e infinita Tokio, paseado por los cientos de templos de la tradicional Kioto, comido como nunca en la genuina Osaka, viajamos al pasado en las atemporales Kanazawa y Takayama, nos hemos sobrecogido con la intensa energía que inunda Hiroshima y visitado el tori (puerta) del mar en Miyajima. Nagoya, Kobe, Nara, Kamakura, Enoshima y otras tantas ciudades con un encanto muy propio también están en la lista. ¡Hemos ido hasta a ver a los monos bañarse en los onsen naturales de Jigokudani!

Bueno, y no lo negaremos, también hemos visitado parques de atracciones como el FujiQ Highlands, cuando nos escapamos a ver el lago Kawaguchi, con unas vistas del Fuji espectaculares; y hemos disfrutado como niños en el Universal Studios de Osaka. Donde tenemos que volver para pasear por la nueva área de Súper Mario Bros.

¿Tenéis algún lugar favorito? ¿Por qué?

Dani: Lugares hay miles, pero a mi, como mangaka, la tienda de arte Sekaido, en Shinjuku, hizo que se me saltaran las lágrimas. Sus seis plantas de material de arte, cada una de ellas especializada en algo diferente, son el paraíso para alguien que quiera dedicarse a esto. Además, mi manera de descubrir la tienda fue algo entrañable, ya que fue un amable empleado del museo Ghibli quien me dio las indicaciones para llegar allí al preguntarle por el soporte para las hojas que usan los animadores.

Cierto es que hoy en día no es complicado conseguir todo lo que necesitas por internet, pero el hecho de tenerlo todo al alcance de la mano, o poder caminar por un pasillo lleno de estanterías con tramas adhesivas de las que se usan para poner las texturas y los tonos de gris en los mangas, es algo que no se me va a olvidar nunca.

Fidel: Elegir un único lugar es bastante complicado. En mi caso más que un lugar propiamente dicho me quedaría con la gente. Siempre hemos tenido la suerte de cruzarnos con personas maravillosas que han hecho del viaje algo inolvidable.

Pero si escarbo en mis recuerdos, un pequeño edificio en Takayama emerge por encima de muchas experiencias. Una construcción nada exuberante, pero en la que se notaba el paso del tiempo en cada nudo de la madera con la que se construyó y a la que el moho había empezado a ganar terrero. A esa edificación rodeada de árboles altísimos, se llegaba a través de unas escaleras de piedra muy empinadas en cuyos escalones casi no cabía ni el pie. Tuve mucho miedo de caer rodando mientras subía. Al menos eso pensaba entonces. Ahora, visto con perspectiva, creo que el miedo se debía a algo muy distinto: sentía que estaba dejando todo atrás y que entraba a un mundo de otra época donde todo podía pasar.

¿Qué fue lo que más os sorprendió de Japón la primera vez que estuvisteis allí?

Dani: Mi primera sensación al bajar del avión fue bastante infantil. Pensé: “¡Menos mal! No huele a pescado crudo”. A mi no me gusta el pescado y uno de mis temores era que todo supiera y oliera a mar. No podía estar más equivocado. Japón está limpio, impoluto, la comida es deliciosa y, a pesar del caos que parece reinar en las calles con tantos sonidos, letreros, luces y gente aglomerada por todas partes, todo fluye con armonía.

Algo que me sorprendió también fueron sus contrastes. Puedes pasar de una zona cosmopolita como Shibuya o Akihabara a un templo rodeado de vegetación y calma en tan solo dos manzanas.

Fidel: El primer choque fue que todo estaba muy limpio y que no había papeleras por ningún sitio (las quitaron casi todas de los lugares públicos tras el atentado con gas sarín de 1995). ¡No me quiero imaginar como estaría nuestra ciudad sin papeleras!

Pero ese fue solo el primer choque. En mi caso, la cantidad de información que hay por todas partes (neones, sonidos, kanji, texturas, nuevos sabores, etc.) me provocaron el denominado “Síndrome de Sthendal”: cuando se te sobrecargan los sentidos con una belleza desmesurada. No me había pasado nunca. Y, de hecho, mi sensación en un primer viaje fue que no había sido capaz de entender ni el 20% de lo que había visto y vivido. Imaginaos el impacto que me causó el país que, ya en el avión de vuelta a casa, empecé a estudiar japonés para poder regresar con un poco más conocimiento del país.

¿Qué sitio(s) recomendáis a los viajeros que no pueden perderse en Japón?

Más que sitios en concreto, en un primer viaje hay que pasear por Tokio, Kioto y Osaka. Cada una de estas ciudades tiene un atractivo muy diferente. Tokio es modernidad y emoción constante. Es una ciudad que no duerme nunca. Kioto es pura tradición. Una pausa ideal para descansar. Osaka, por su parte, tiene una personalidad única. Es otro Japón. Ruidoso, vivo, cercano y muy genuino. Ofrece algo muy diferente a cualquier otra ciudad japonesa. Solo paseando por estas tres ciudades descubrirán infinidad de detalles que les dejarán sin habla.

Durante vuestros viajes a Japón, ¿tuviste alguna experiencia de “inmersión” en la cultura japonesa? ¿Qué os parecieron?

Hemos dormido en un ryokan y es algo que intentamos repetir siempre que volvemos al país. Descansar en un futón sobre un tatami y disfrutar de la comida tradicional en la habitación es una experiencia que recomendamos a cualquier viajero que quiera sentir el Japón más tradicional.

También nos hemos alojado en un hotel para salary man (trabajadores de traje) en Osaka con su sento (baño público) en el subterráneo. Y os digo una cosa: ¿Por qué no tenemos onsen y sentos aquí? Un baño con agua muy caliente antes de dormir elimina todo el estrés del día.

Hemos podido también ir a un karaoke con amigos, donde disfrutamos del nomihodai y tabehodai (bufet libre de bebida y comida). Esto tampoco puede faltar en un viaje y entendemos la popularidad del karaoke en el país. Cantar sin pudor con amigos y en una sala privada mientras comes y bebes es mucho más fácil que hacerlo en las salas públicas de aquí.

Ir en marzo-abril nos ha permitido ver un país totalmente diferente. La época de los cerezos en flor inunda las calles con una vida super interesante y muy espectacular fotográficamente hablando. En uno de nuestros viajes seguimos la floración del cerezo a través de varias ciudades y disfrutamos del Hanami (mirar las flores). Nada que te cuenten sobre este momento tan especial de Japón está a la altura de vivirlo en persona.

Lo mismo sucede con el kouyou, como se conoce al cambio de color de las hojas de los árboles a un amarillo y rojo intensos (especialmente de los arces) cuando empieza el otoño. Nuestro primer viaje fue en esta época y tenemos un especial cariño a este momento del año porque fue como descubrimos el país por primera vez.

¿Qué lugar tenéis pendiente visitar en Japón? ¿Por qué tenéis ganas de ir ahí?

Pues en este caso tenemos dos zonas por visitar bastante extremas: Hokkaido en invierno y Okinawa en primavera. La primera por descubrir ese país de nieve que Kawabata Yasunari describió en sus libros. Ver el festival de esculturas de hielo y sentir cómo es la vida cuando el país se cubre de nieve hasta el punto de tener que “escavar” las carreteras en ella para poderlas hacer transitables. Además, solo hemos visitado el país en primavera y otoño, el invierno nos produce mucha curiosidad.

En el caso de Okinawa, tenemos muchas ganas de ver cómo es el Hawaii japonés, tostarnos en sus playas y comprobar cómo se transformó la zona por la ocupación americana.

¿Habéis incorporado algo de la cultura japonesa a vuestro día a día?

Pues además de descalzarnos para entrar en casa, incorporar varios platos japoneses como el curri, el shabu-shabu, el omeraisu, el matcha-roll cake y no pocas salsas; estudiar japonés, narrar en formato manga o saludarnos con un Tadaima y Okairi cuando salimos/llegamos a casa; la verdad es que no demasiado.

Ahora en serio, Japón tiene una particularidad que no tienen otros lugares, y es que cuando lo visitas, es imposible regresar sin llevarte un trocito que pase a formar parte de tu día a día. Es un país que se mete muy dentro tuyo cuando lo visitas. No nos ha pasado con ningún otro lugar del mundo en el que hayamos estado hasta el momento.

Vamos a hablar ahora un poco de manga, ¿qué lugares consideráis imprescindibles en Japón para amantes del manga como vosotros?

La zona de Namba en Osaka es un imprescindible. Allí puedes encontrar un montón de tiendas de manga, anime y gaming muy interesantes. Menos popular que Akihabara (en Tokio), pero muy similar en su espíritu de años atrás.

Visitar el museo Ghibli en Mitaka tampoco puede faltar a los fans del estudio de animación de Miyazaki y Takahata. Eso sí, hay que recordar que debe reservarse entrada con antelación. Lo ideal es hacerlo cuando compras el Japan Rail pass al reservar el viaje (billete para coger casi todos los trenes de la JR durante varios días).

Por nuestra parte nos faltan por visitar: el museo del manga en Kioto, el museo  de Tezuka Osamu (el dios del manga) y la recientemente reconstruida residencia Tokiwa-so donde crearon cómics varios de los mangakas más relevantes de la historia del manga (Tezuka Osamu, Ishinomori Shotato o Mizuno Ishinomori).

La que fue vuestra obra debut, “Arashiyama” publicada por Norma Editorial esta fuertemente ligada a Japón. ¿Cómo se gestó esta obra?

Arashiyama surgió un par de años después de haber visitado la zona homónima de Kioto por primera vez. Fidel soñó con dos niños (Shin y Sumie) perseguidos por una sombra a través del bosque de bambú de Arashiyama. La sombra acabaría convirtiéndose en Yamanba y todo lo vivido en nuestros viajes fue cogiendo forma tras una intensa documentación cultural hasta dar a luz la obra.

La aventura de Shin y Sumie a través del bosque de bambú fue nuestra manera de trasladar al lector a nuestra visión del Japón más tradicional. Queríamos mostrar el misticismo japonés y al mismo tiempo que no se necesitaran conocimientos previos de cultura japonesa para poder zambullirse en ella. Más bien al contrario: que se convirtiera en una puerta a conocer el país que tanto nos ha impactado en nuestros viajes. Por eso elegimos a dos niños como protagonistas. Para que el lector pudiera descubrirlo todo a través de sus ojos.

¿Tenéis una obra de manga favorita? ¿y un autor/a predilecto?

Dani:   Yo no me podría decantar por ninguna opción en cuanto a títulos de manga (por no decir que actualmente paso el 90% de mi tiempo creando nuestros mangas y no me queda mucho tiempo para leer). Soy mas de autores en general que de obras en concreto, y varios autores me han influenciado mucho, cada uno en su época. Empecé igual que muchos, con Toriyama y Dragon ball, y tras el fueron apareciendo Takahashi Rumiko, Katsura Masakazu y Kon Satoshi, y más recientemente me han influenciado mucho la narrativa de Urasawa Naoki, el trazo de Higashimura Akiko y los impresionantes escenarios de Asano Inio.

Fidel: Esta pregunta también es bastante complicada. Es como si te preguntaran a quién quieres más, ¿a papá o a mamá? Hay muchas obras maravillosas que me han llenado a diferentes niveles. Undercurrent de Toyoda Tetsuya, El perro enamorado de las estrellas de Murakami Takashi, El libro de los insectos humanos de Tezuka Osamu, El club del divorcio de Kamimura Kazuo, Utsubora de Nakamura Asumiko,… ¡Es muy difícil elegir solo una obra!

Siempre decimos que el manga es un campo muy variado con miles de tipos de historias para todos los gustos y que si encuentras la que te toque, te engancha para siempre por su modo único y especial de contarte una historia.

¿Cuáles son vuestros proyectos actuales / futuros?

Actualmente trabajamos en un manga de tomo único titulado El tiempo de los tres. Una historia intimista con la que volvemos a coger el “manga por los cuernos” y saltamos de la fantasía de Arashiyama y el thriller de Liquid Memories al más puro slice of life (historias construidas a partir de experiencias cotidianas). En él viajamos del Kobe de 2026 a la Barcelona de 1993 para descubrir el tiempo que compartieron tres amigos de nacionalidades diferentes (francesa, española y japonesa) y que lo cambió todo para ellos.

Cuando acabemos esta obra queremos retomar  un par de proyectos que la pandemia se llevó por delante y nos gustaría viajar para poder ponerlos en marcha. Al fin y al cabo, nuestras creaciones suelen estar muy conectadas con “el viaje” como forma de vida.

¿Volveréis a Japón?

¿Dónde hay que firmar? Jajaja. En cuanto tengamos la oportunidad de volver no vamos a dudarlo. Gran parte de nuestra inspiración proviene de la manera de sentir nipona y viajar allí es imprescindible para nosotros. Como hemos dicho antes: Japón se te queda dentro cuando lo visitas y es imposible no regresar una y otra vez.

Si te has quedado con ganas de saber más sobre la obra «Arashiyama» de Fidel de Tovar y Dani Bermúdez, te invitamos a leer este artículo.