Foto autora Amaia

Amaia Arrazola: “Tokio es deslumbrante. No sé describirlo. Es una sensación que mezcla el perderse y encontrarse a uno mismo difícil de explicar”

Amaia, lo primero cuéntanos un poco sobre ti, preséntate a nuestros lectores.

Hola, pues me llamo Amaia Arrazola. Soy de Vitoria pero llevo viviendo 10 años en Barcelona. Trabajo como ilustradora, publico libros, dibujo murales, trabajo para publicidad si el encargo me gusta… hago un poco de todo en el mundo de la creatividad.

Para aquellos que aún no han leído tu libro Wabi-sabi: un mes en Japón, ¿cómo surgió la oportunidad de ir a Japón?

Yo había estado en Japón en verano de 2016, típico viaje de descubrimiento del país. Estuve de turismo durante 3 semanas y me quedé enamorada. A la vuelta de ese viaje encontré una beca artística que ofrecían unos chicos que tenían una asociación llamada Paradise Air en su ciudad, Matsudo, en la prefectura de Chiba, cerca de Tokio. Postulé a la beca, y no me la dieron en un primer momento, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando recibí un email diciéndome que igualmente querían que fuera un mes.

Durante esta segunda estancia fue cuando dibujé y escribí el libro Wabi Sabi que luego editaría Lunwerg.

mural de Amaia en Matsudo

Proyecto mural de Amaia en Matsudo. Imagen cedida por @amaiaarrazola

¿Cómo preparaste tu viaje?

Lo preparé siguiendo blogs, sino recuerdo mal me compré alguna guía pero poco más. Al ser una especie de experimento artístico y ya haber estado previamente no quise llevarlo todo muy cerrado y dejar paso a que surgieran cosas, al improvisto.

¿Recomiendas algún libro para conocer mejor Japón que pueda ayudar a los futuros viajeros?

A mi el que más me ha gustado desde siempre es un cómic llama Tokyo Sanpo, de Florent Chavouet. Un cómic que compré en Paris hace muchos años pero que hoy está disponible en castellano. Es una maravilla, no solo por su calidad gráfica sino también por sus descripciones del país.

Amaia en Japón

Imagen cedida por @amaiaarrazola

¿Qué fue lo que más te sorprendió cuando llegaste a Japón?

Mmmmm… Creo que lo diferentes que somos. A veces a pesar de hablar el inglés, lo lejos que me sentía de ellos en cuanto a comportamientos. Me sentía un poco como un pingüino en un garaje. Dentro de esta residencia artística tuve que dar un taller para niños y pintar un mural y trabajar, ponerme de acuerdo, entender los tiempos de espera de las decisiones, la burocracia… se me hacía un poco difícil, jajaja.

Tu libro se centra en Tokio, ya que te alojabas cerca, pero ¿visitaste alguna otra ciudad durante tu estancia en Japón?

Mientras estuve allí en verano durante el viaje de turismo visité Tokio, Nara, llegamos hasta Hiroshima, Miyajima, Okayama, Nagano

Amaia en Nara

¿Cuál es tu impresión de Tokio? ¿Qué diferencias encontraste en el día a día de la gran ciudad en comparación en el barrio dónde vivías en Chiba?

Bueno, yo no vivía en un barrio, sino más bien en una ciudad dormitorio de 500.000 habitantes, ¡casi nada! Pero Tokio, no sé, es deslumbrante. No se describirlo. Es una sensación que mezcla el perderse y encontrarse a uno mismo difícil de explicar.

Imagen de Amaia en Japón

Imagen cedida por @amaiaarrazola

¿Cuál fue tu lugar favorito? ¿Por qué?

El barrio de Harajuku me cautivó. Yo soy ilustradora, y todos los estímulos visuales los vivo el doble. Las tiendas, la gente vestida de esa forma tan especial, los pequeños restaurantes, los colores…  de tanto ver acababa el día agotada.

¿Qué lugar turístico crees que puede gustar más a los viajeros?

Es una pregunta muy difícil porque cada visitante con su experiencia y sus gustos modela lo que quiere ver. De Japón yo creo que lo más interesante son estas dos fuerzas que conviven de tecnología/modernidad versus tradición. Te puede volver loco el famoso Robot Restaurant en Tokio, el estruendo, las luces, o un pequeño templo en mitad de cualquier calle, la calma, la paz, el espíritu y el encuentro con uno mismo.

Restaurante en Japón

Imagen de Clay Banks en Unsplash

¿Comida japonesa favorita? ¿Dónde la probaste?

Soy de buen comer y todo me gusta, pero uno de los mejores recuerdos gastronómicos fue cuando cenamos el okonomiyaki en un restaurante en Harajuku. Me llevó mi amigo Gerard que vivía allí con su esposa Yukari. Se llamaba Sakura-Tei, está en Google. Qué divertido fue…

Okonomiyaki

¿Qué tal la relación con los japoneses? Suele decirse que son fríos y distantes… desde tu perspectiva, ¿Es cierto?

Pues como dije antes, la verdad que fue lo que más me sorprendió. No es que yo sea especialmente “tocona” pero si que tuve que acostumbrarme a sus maneras de ser y hacer. Tienen una manera de expresarse que me costaba mucho descifrar. Me sentía un poco Godzilla, jajaja, soy muy echada para adelante, más decidida, la espontaneidad forma parte de mi trabajo y la decisión también.

Un ejemplo, me sorprendía que cada vez que me reunía con el equipo de trabajo de Paradise Air me pasaban previamente un documento con todos los temas a tratar por escrito. Había que ceñirse al guion. Yo pensaba, ¿y si se me ocurre algo nuevo de aquí a la hora de reunirnos? Luego me fui acostumbrando. Menos contacto social, esas pequeñas reverencias de cabeza… Está muy bien porque te hacer replantearte quien eres y de donde vienes. Las mascarillas que llevaban me sorprendían muchísimo y mira, a la larga hemos visto que no es tan mala idea.

Ahora viéndolo en la distancia, ¿qué es lo que te dejó más poso de tu estancia en Japón?

Todo. El viajar hasta allí, el vivir esa experiencia, el pasear durante horas por Tokio sin mucho objetivo simplemente deambulando. Elegía un barrio y me perdía por allí. El día que casi pierdo el último metro volviendo a Matsudo desde Shinjuku, todos los iconos, símbolos, todas las empresas que tienen un animalito como logo. Todas las leyendas e historias de la tradición japonesa, todos los ekistamps que encuentras en las estaciones de metro. Los trajes, las mascaras del teatro noh y del teatro kabuki. Todo lo que descubrí en aquel viaje se queda conmigo y forma parte de mi ahora.

Muchas veces cuando tengo que inventarme algo, dibujar un personaje o  crear una historia vuelvo a Japón.

¿Tuviste alguna experiencia de “inmersión” en la cultura japonesa?

Creo que todo el mes fue una experiencia completa de inmersión. No iba de turista sino a trabajar, así que desde el taller que tuve que dar en una escuela cerca de Matsudo a 100 niños hasta el mural que pinté en uno de los túneles del metro. La asociación de Paradise Air y esta beca está sostenida por la Asociación de vecinos de la ciudad (según entendí) y ellos mismos.

Ilustración Amaia

Imagen cedida por @amaiaarrazola

¿En qué momento decidiste que querías hacer este libro? ¿En Japón o fue a tu vuelta?

Yo ya fui allí con idea de publicar un diario visual mi experiencia en Japón. Es más, en la solicitud de la beca incluí el contrato con la editorial Lunwerg que fue con quien me lancé a hacerlo. Así que todo formaba parte del plan inicial.

¿Qué es el wabi-sabi y por qué decidiste poner ese título a tu obra?

Libro Wabi Sabi

Imagen cedida por @amaiaarrazola

Lo explico nada más empezar el libro. Durante el tiempo que pasé allí reparé en que había dos tipos de Japón. El país mega moderno, el neón, la estética flúor, Harajuku, el barrio de Akihabara y otro país mucho más zen: el tradicional, el de la cerámica, la paciencia, el silencio. Dentro de este último encontré este concepto, WABI SABI, término que define la belleza de las cosas imperfectas, modestas y humildes.

No siempre todos pasamos por etapas estables en nuestra vida y yo en esa época estaba viviendo en una montaña rusa. Había dejado una relación de más de 10 años, y sentía que mi vida distaba mucho de ser perfecta así que abracé ese término, sintiéndome bien, cómoda con él. No, no era un momento perfecto, pero era bello y digno de tener su propio relato igualmente.